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Guadalupe e a missão evangelizadora hoje: reflexão do Arcebispo de Santa Maria em congresso internacional

  • Central de Jornalismo Sistema Medianeira de Rádios
  • 27/02/2026

O arcebispo metropolitano de Santa Maria, Dom Leomar Antônio Brustolin, participou do Congresso Teológico-Pastoral sobre o Acontecimento Guadalupano, durante os dias  24 e 26 de fevereiro, realizado na Cidade do México, reunindo especialistas de diversos países para refletir sobre a atualidade da mensagem de Guadalupe para a evangelização.

Em sua exposição, “Cómo anunciar la dimensión universal del acontecimiento guadalupano”, Dom Leomar apresenta Guadalupe não apenas como uma devoção, mas como um acontecimento vivo, que continua falando ao coração humano e oferecendo caminhos pastorais para anunciar Cristo no mundo de hoje.

A seguir, confira a íntegra do texto e aprofunde-se na reflexão proposta pelo arcebispo:

 

CÓMO ANUNCIAR LA DIMENSIÓN UNIVERSAL DEL ACONTECIMIENTO GUADALUPANO

Sumário

CÓMO ANUNCIAR LA DIMENSIÓN UNIVERSAL DEL ACONTECIMIENTO GUADALUPANO

Introducción

Guadalupe, um contecimento que sigue hablando

1 Guadalupe es essencialmente cristocéntrica

2 El  Dios por quien se vive: el fin de la violência sacral 

3 Guadalupe como pedagogía del verdadero sacrificio

4 La opción amorosa de Dios por los pobres y los indígenas

5 La “casita sagrada”: la Iglesia como casa de la misericordia

6 Consoladora de los afligidos: el corazón del mensaje

7 Guadalupe y el mysterium tremendum et fascinans

8 La via pulchritudinis: la belleza que salva

9 Guadalupe y la razón: a la luz de Fides et Ratio

10 Guadalupe a la luz de Dilexit nos: el amor que se inclina 

11 Conclusión

Guadalupe, um Evangelio para nuestro tempo 

Introducción

Quisiera comenzar expresando mi sincero agradecimiento por la invitación a participar en este encuentro tan fecundo y enriquecedor sobre el acontecimiento guadalupano. Es para mí un verdadero honor compartir este espacio de reflexión y comunión.

Permítanme también pedirles un pequeño favor: les ruego que disculpen mi “portunhol”. Ojalá puedan acogerlo con benevolencia y, si es necesario, ofrecerlo como parte de su penitencia cuaresmal; aunque, lamentablemente, debo advertirles que no concede indulgencias.

Guadalupe, um contecimento que sigue hablando

Anunciar Guadalupe no significa simplemente narrar un hecho del pasado ni promover una devoción local. El acontecimiento guadalupano es un evento teológico vivo, una auténtica revelación pedagógica, en la que Dios comunica la universalidad del Evangelio a través de la ternura materna, del lenguaje simbólico y de la cercanía con los pobres. Guadalupe no pertenece únicamente a México ni a un momento histórico determinado: toca aquello que es universal en la condición humana —el sufrimiento, la búsqueda de sentido, la sed de consuelo, el asombro ante la belleza y el encuentro con el misterio.

En el Tepeyac, el cielo no habla una lengua extraña. Habla la lengua del pueblo. Dios no se impone por conceptos, sino que se deja reconocer por signos. Por eso Guadalupe continúa interpelando no solo a los creyentes, sino también a artistas, científicos e incluso a quienes se declaran no creyentes. En ella se manifiesta aquello que la tradición teológica, siguiendo a Rudolf Otto, ha llamado mysterium tremendum et fascinans: el misterio que provoca reverencia y fascinación, temor y atracción, silencio y contemplación.

Guadalupe no convence solo por la fe; provoca asombro. La tilma desafía a artistas, científicos y no creyentes. No se impone como prueba, sino que se ofrece como signo. No obliga a creer, pero abre una grieta hacia el misterio.

Muchos no creen, pero callan. Y el silencio, muchas veces, es ya el comienzo de la escucha.

Guadalupe es, al mismo tiempo, teológicamente profunda y existencialmente cercana. No comienza por la doctrina, sino por la ternura; no por la imposición, sino por la consolación. Y precisamente por eso alcanza el corazón humano en toda cultura.

1 Guadalupe es essencialmente cristocéntrica

El primer punto que jamás puede relativizarse es este: Guadalupe no comienza ni termina en María. María aparece para revelar a Jesucristo, el verdadero Dios por quien se vive. Ella es icono de la Iglesia, totalmente orientada al Hijo, repitiendo en el corazón de la historia el gesto de Caná: «Hagan todo lo que Él les diga».

Toda lectura auténtica de Guadalupe debe conservar este eje teológico fundamental: Cristo es el centro; María es la mediación; la humanidad es el destinatario.

Guadalupe anuncia que en Cristo el cielo y la tierra se encuentran, lo eterno entra en el tiempo y Dios se vuelve cercano, misericordioso y accesible. María no ocupa el lugar de Dios; crea el espacio para que Dios sea reconocido como Padre, como amor que salva.

2 El Dios por quien se vive: el fin de la violência sacral

En el contexto religioso azteca, lo divino era percibido con frecuencia como distante, exigente y violento. La vida debía sostenerse mediante sacrificios humanos. Guadalupe introduce una ruptura radical con esta lógica.

Aquí se encuentra una de las afirmaciones más revolucionarias del acontecimiento guadalupano:

Antes, el ser humano se sacrificaba para mantener el mundo.
En Cristo, Dios se sacrifica para salvar al ser humano. Dios no pide sangre humana; ofrece a su propio Hijo. El sacrificio cristiano no es destrucción, sino donación; no es violencia ritual, sino amor que se entrega. Guadalupe desmantela silenciosamente toda religión que legitima la muerte en nombre de Dios y anuncia a la humanidad entera que la vida no se sostiene por la violencia, sino por la misericordia.

3 Guadalupe como pedagogía del verdadero sacrificio

La Virgen del Tepeyac enseña que el sacrificio que agrada a Dios es existencial y relacional. Se trata de ofrecer la propia vida como don, como enseñan san Pablo y san Pedro. Guadalupe traduce esta verdad en símbolos accesibles a cualquier cultura: flores, canto, belleza, acogida.

El verdadero sacrificio es:

  • misericordia y no crueldad;
  • corazón ofrecido y no vidas arrancadas;
  • comunión y no miedo.

Por eso Guadalupe es universal: toca el núcleo más profundo de la condición humana y lo reconcilia con el verdadero rostro de Dios.

4 La opción amorosa de Dios por los pobres y los indígenas

Nada en Guadalupe es accidental. María no se aparece a un conquistador, a un teólogo ni a un poderoso. Se aparece a Juan Diego, un indígena pobre, invisibilizado, alguien que no contaba socialmente. Esta elección es profundamente teológica.

El Dios cristiano comienza su revelación en las periferias de la historia. Guadalupe confirma la lógica del Magníficat: «Derribó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes». Dios confía el anuncio de su ternura a quienes conocen la herida de la exclusión.

María no niega la identidad indígena. Habla su lenguaje simbólico, asume sus códigos culturales, dialoga con su cosmovisión, purificándola y llevándola a la plenitud revelada en Cristo. Aquí se encuentra una clave universal de la evangelización: Dios no destruye las culturas; Dios las redime desde dentro.

5 La “casita sagrada”: la Iglesia como casa de la misericordia

Cuando María pide una casita, no solicita un monumento de poder, sino un espacio de acogida. La casita guadalupana es hogar para quien sufre, para quien llora, para quien ha perdido el sentido de la vida. Es imagen de la Iglesia llamada a ser refugio de los heridos, tienda de la presencia de Dios, casa donde nadie es extranjero.

Antes que doctrina, es cuidado. Antes que norma, es cercanía. Donde la Iglesia no consuela, traiciona a Guadalupe.

La Basílica que se eleva en el Tepeyac manifiesta una verdad invisible: Dios desea habitar allí donde el dolor humano es más intenso.

6 Consoladora de los afligidos: el corazón del mensaje

Pocas palabras de la tradición cristiana poseen la densidad teológica de aquellas pronunciadas por la Virgen: «¿No estoy yo aquí que soy tu madre?». Esta frase no elimina el sufrimiento, pero lo envuelve de sentido. No promete una vida sin cruz, pero garantiza una presencia que vence la desesperación.

Guadalupe anuncia que:

  • el dolor no tiene la última palabra;
  • el abandono no es definitivo;
  • el sufrimiento no es inútil.

Por eso Guadalupe es universal: todo ser humano conoce la fragilidad. Ante el dolor, las ideologías callan; la maternidad consuela.

7 La via pulchritudinis: la belleza que salva

Benedicto XVI recordó con insistencia que la belleza posee una fuerza evangelizadora propia. No es un adorno de la fe, sino una dimensión constitutiva de la revelación. La belleza verdadera no seduce superficialmente; desinstala, purifica la mirada y conduce a la trascendencia.

Guadalupe es una de las expresiones más altas de la via pulchritudinis. La imagen de la tilma no explica, no argumenta, no disputa. Se ofrece a la contemplación. Y, como intuyó Dostoievski, «la belleza salvará al mundo» —no la belleza superficial, sino la belleza transfigurada por el amor.

8 Guadalupe y la razón: a la luz de Fides et Ratio

San Juan Pablo II afirmó que la fe y la razón son como dos alas con las que el espíritu humano se eleva hacia la verdad. Guadalupe no humilla a la razón; le recuerda sus límites fecundos. La tilma no es una prueba científica de la fe, sino un signo de frontera donde la razón reconoce que lo real es mayor que sus categorías.

Guadalupe no contradice la ciencia; rechaza reducir la realidad a lo que es mensurable. El misterio no anula la razón: la ensancha.

9 Guadalupe a la luz de Dilexit nos: el amor que se inclina

La encíclica Dilexit nos recuerda que el cristianismo nace del amor gratuito de Dios que se inclina sobre los pobres. Guadalupe es una epifanía histórica de ese amor. María se aparece a Juan Diego no a pesar de su pobreza, sino desde ella.

El amor cristiano no es paternalismo, sino alianza. María confía una misión al pobre y lo convierte en sujeto activo de la historia de la salvación. Guadalupe revela que allí donde los pobres son acogidos, Dios se deja reconocer.

10 Conclusión

Guadalupe, um Evangelio para nuestro tempo

Anunciar la dimensión universal de Guadalupe es anunciar que Dios ama a los pobres y comienza por ellos; que el dolor humano no está solo; que la belleza puede salvar; que el misterio permanece abierto; que la misericordia es más fuerte que la violencia.

A la luz de todo lo que hemos escuchado hasta ahora —con aportes tan preciosos y fecundos que nos han ayudado a profundizar en el valor teológico y pastoral del acontecimiento guadalupano— me atrevo a subrayar aquello que más me ha impresionado.

  1. Como nos recordó el Papa León XIV, el mayor desafío de nuestro tiempo es la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, que ya no habitan simplemente una época distinta, sino una verdadera nueva cultura. Con frecuencia ofrecemos respuestas antiguas a preguntas inéditas. No fue así como actuó María en Guadalupe: Ella supo comunicar la verdad eterna con un estilo, un método y un lenguaje nuevos, encarnados en la realidad concreta de su pueblo.
  2. Por ello, urge una mistagogía auténticamente querigmática, capaz de conducir a Cristo desde el primer anuncio hasta la plena madurez de la vida cristiana. No se trata simplemente de transmitir contenidos doctrinales, sino de provocar un encuentro vivo con el Señor, que toque el corazón, ilumine la inteligencia y transforme la existencia. Una pedagogía mistagógica nos introduce progresivamente en el misterio celebrado, vivido y testimoniado; una pedagogía querigmática pone en el centro la persona de Jesucristo, muerto y resucitado, como respuesta definitiva a las preguntas más hondas del ser humano.
  3. Asimismo, sin una auténtica iniciación cristiana —que no puede darse por supuesta en manuales y esquemas elaborados para otros contextos históricos y culturales— difícilmente lograremos transmitir la fe de manera viva y fecunda.
  4. El signo de la “casita sagrada” nos invita a redescubrir el valor de pequeñas comunidades capaces de acoger, sanar, consolar, celebrar y festejar la vida en Cristo.
  5. Sin una formación que nazca de la Palabra de Dios y conduzca a ella, podremos multiplicar prácticas religiosas, pero no formaremos verdaderos discípulos; podremos reunir adeptos, pero no engendraremos misioneros.
  6. Guadalupe nos enseña también a mirar y escuchar a los pobres, reconociendo en ellos no solo destinatarios de nuestra caridad, sino sujetos con un inmenso potencial evangelizador. En María encontramos, finalmente, el sentido de la vida que tantos buscan sin hallar. En una sociedad que a veces parece abrazar más fácilmente a um perro que a un anciano, las oportunidades para el Evangelio son inmensas, porque grande es la herida y más grande aún la esperanza.
  7.  La Buena Nueva nos ha sido confiada: no temamos. La Guadalupana ya ha abierto el camino. Y aun cuando, como Juan Diego, intentemos a veces buscar atajos, Ella siempre sale a nuestro encuentro y nos conduce nuevamente a la misión. Muchas Gracias

Texto e fotos: Dom Leomar Antônio Brustolin e ASCOM/ArquiSM


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